Lo que revela la ciencia (y lo que podemos hacer como adultos responsables)

Hoy en día, es común ver a niños pequeños usando tablets en el coche, viendo YouTube mientras comen o pasando horas frente a videojuegos. Aunque muchos adultos consideran esto “normal” o incluso útil para que se entretengan, las investigaciones científicas indican que el uso excesivo de pantallas puede tener efectos negativos profundos en el desarrollo infantil y adolescente.

Uno de los estudios más completos sobre el tema está en el libro “La fábrica de cretinos digitales” del neurocientífico francés Michel Desmurget, que advierte con fuerza: “Estamos fabricando generaciones enteras con capacidades intelectuales reducidas por culpa de una sobreexposición a las pantallas.”

 

¿Qué efectos tienen las pantallas en el desarrollo?

Desmurget, respaldado por años de investigación neurocientífica, señala múltiples consecuencias del uso desmedido de pantallas en menores:

  1. Retraso en el lenguaje
  • Niños menores de 3 años expuestos a pantallas aprenden menos palabras.
  • El lenguaje requiere interacción humana real, no solo exposición a imágenes y sonidos.
  1. Problemas de atención y memoria
  • Las pantallas fomentan la gratificación instantánea y dificultan la concentración sostenida.
  • Esto impacta el rendimiento escolar y la capacidad de autorregulación.
  1. Déficit en habilidades sociales
  • El tiempo frente a pantallas reemplaza la interacción cara a cara.
  • Disminuye la empatía, la lectura de emociones y la capacidad de resolver conflictos.
  1. Riesgos para la salud mental
  • Incremento de síntomas ansiosos y depresivos en adolescentes con alto uso de redes sociales.
  • El contenido violento o sexual, y la comparación constante, afectan la autoestima.
  1. Obesidad y sedentarismo
  • A menor actividad física y peor calidad de sueño, más riesgos de obesidad infantil.
  • Muchas veces, el uso de pantallas se combina con comida ultraprocesada.

 

¿Cuánto tiempo es recomendable?

Las recomendaciones internacionales (OMS, Academia Americana de Pediatría) son claras:

  • Menores de 2 años: Nada de pantallas, salvo videollamadas ocasionales con familiares.
  • 2 a 5 años: Máximo 1 hora diaria, con contenidos de calidad y acompañamiento adulto.
  • 6 a 12 años: Límites claros, equilibrio con juego, sueño y actividades sociales.
  • Adolescentes: Supervisión y acuerdos familiares, fomentando el uso responsable y consciente.

 

¿Qué podemos hacer como adultos?

  1. Dar el ejemplo: Si un adulto está todo el día con el celular, el niño también querrá hacerlo.
  2. Establecer horarios sin pantallas: Como durante las comidas, antes de dormir o en paseos.
  3. Ofrecer alternativas atractivas: Lectura, juegos físicos, arte, conversación.
  4. Acompañar el consumo: Ver juntos los programas, comentar, cuestionar, compartir.
  5. Fomentar el aburrimiento: Sí, el aburrimiento estimula la creatividad. No todo debe estar “resuelto” por una pantalla.

 

Y en San Bernardo…

Muchos colegios y jardines infantiles de la comuna ya promueven un uso responsable de la tecnología, pero el rol principal sigue estando en el hogar. Hay talleres gratuitos para padres y espacios comunitarios sin pantallas donde niños y niñas pueden jugar e interactuar.

Revisa las actividades culturales y recreativas del municipio: muchas de ellas ayudan a reducir el tiempo de exposición frente a pantallas y promueven el desarrollo integral.

 

“El problema no es la tecnología en sí, sino el lugar que ocupa en la vida del niño.”
— Michel Desmurget

No se trata de eliminar las pantallas, sino de usarlas con criterio. Porque el desarrollo saludable de nuestras niñas y niños depende, en gran parte, del tiempo real, humano y activo que les ofrecemos.